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Duendes de jardín

Es de ma√Īana todav√≠a, eran las diez y cinco para ser exactos y ya desde principios de hora, Pablo escuchaba al despertador de su tel√©fono, el cual se encontraba reposando sobre su mesita de luz, tratando descontroladamente de despertarlo. Casi que bailaba por la intensidad con la que vibraba el dispositivo. Reproduciendo a lo alto esa molesta melod√≠a, la cual, si bien odiaba, de cierto modo le era √ļtil, ya que lograba sacarlo de la cama. Como era domingo, y no era d√≠a laborable, pod√≠a tomarse la libertad de levantarse a tal hora. Y por fin, se dign√≥ a salir de ella y, finalmente, apagarlo.

Se cambi√≥, desayun√≥, prepar√≥ unos informes para su trabajo, y a las doce ya estaba saliendo de su casa, yendo a buscar su auto con destino a la casa de su buen amigo Claudio, para as√≠ √©l, junto con el resto de sus amigos, comer un asado y jugar al f√ļtbol durante toda la tarde, como hac√≠an todos los domingos.

Ya en la ruta, empez√≥ a notar algo raro, mientras m√°s se adentraba en ella, m√°s notaba que en los costados de la misma, hab√≠a extra√Īos gnomos, como los que uno encontrar√≠a en un patio. Lo cual, le result√≥ algo extra√Īo, no solo por la mera presencia de los mismos en ese lugar tan inusual, adem√°s, porque no era com√ļn ver este tipo de decoraci√≥n en el lugar en el que viv√≠a. Por lo tanto, pens√≥ que simplemente se podr√≠a tratar de alg√ļn tipo de proyecto art√≠stico quiz√° impulsado por alguna empresa fabricante de decoraciones (en el cual definitivamente se le hab√≠a dedicado una importante cantidad de esfuerzo y dinero), la cual, quiz√°, quer√≠a promocionarse o algo por el estilo.

Mientras m√°s se acercaba a su destino, la cantidad de los mismos iba aumentando. Hasta que finalmente lleg√≥ a la puerta del lugar, all√≠, la cantidad de los mismos comenz√≥ a ser rid√≠culamente absurda. All√≠ lo recibi√≥ Claudio, al cual se lo pod√≠a ver claramente aterrado. √Čl se encontraba dentro de su propia camioneta, haci√©ndole se√Īas para que lo siguiera, y as√≠ entrar por otro acceso, lo cual hizo. Una vez que lograron llegar a la casa, √©l procedi√≥ a formar una barricada en la puerta y le cont√≥ todo lo ocurrido.

Le hab√≠a contado algo que para √©l, le parec√≠a totalmente descabellado: los duendes de jard√≠n de todo el mundo no solo estaban vivos, sino que tambi√©n, hab√≠an estado planeado todo este tiempo un levantamiento en contra los seres humanos, y hasta ahora solo hab√≠an pretendiendo ser objetos inanimados para as√≠ no ser descubierto, y ahora su momento hab√≠a llegado. Pablo tom√≥ algo de escepticismo sus palabras. √Čl nunca hab√≠a visto a ninguna de esas figuras moverse. Algo que le generaba dudas, y por ello le decidi√≥ cuestionar.

√Čl le respondi√≥ que ellos probablemente estaban esperando a que llegara a destino para que as√≠, se bajara del veh√≠culo, y mientras que no estuviera viendo, atacar. Aunque su narrativa no le pareci√≥ muy consistente, √©l confiaba plenamente en Claudio, ya que era una persona seria y nunca se andaba con bromas. Y para corroborar lo que estaba diciendo, decidi√≥ prender la radio, y sintonizar una estaci√≥n noticiosa. En ella se pod√≠a escuchar a un hombre reportando sobre el suceso.

En ese momento se escuchó un ruido en la puerta. Algo, o alguien la estaba despedazando, y no podían creer lo que estaban observando, era uno de ellos con un hacha en la mano. Haciendo caer la barricada y dejando ver su cara en todo su esplendor, se acercaba su final y el de su amigo.

Y se levant√≥. Era de ma√Īana todav√≠a, eran las seis para ser exactos y comenz√≥ a escuchar al despertador de su tel√©fono, descontroladamente tratando de despertarlo, que se encontraba reposando sobre su mesita de luz. Casi que bailaba debido a la intensidad con la que vibraba y reproduc√≠a a lo alto esa molesta melod√≠a, la cual, si bien odiaba, de cierto modo, le era √ļtil ya que lo lograba sacar de la cama. Y por fin, se dign√≥ a salir de ella y, finalmente, apagarlo, comenzando, ahora s√≠, oficialmente su d√≠a.

#cuentos

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